Así siguió avanzando mi embarazo, ya me levantaba un poco de la cama, me prepara mi comida, ponía una silla cerca de la estufa y mi esposo me acercaba todo ya me sentía un poco más optimista y cada día que pasaba era una alegría, todos los días leía en las páginas de internet como avanzaba el crecimiento de mi bebe en mi pancita.
A las 20 semanas de embarazo me hicieron el ultrasonido súper detallado, para ver que todo estuviera bien y nuevamente la Dra. Vega me repetía que no entendía como habíamos llegado a este tiempo de embarazo y que el bebe se veía bien, un poquitito más pequeño pero no era muy significativo.
Que ojala y llegáramos por lo menos a la semana 24 que es el tiempo mínimo que requiere un bebe para poder sobrevivir fuera del útero. También me estaba preparando para mandarme a la universidad por ser embarazo de alto riesgo. Me volvió a ver la doctora en la semana 24 y me dijo que todo se veía bien, también me comento cuando nazca tu bebe vienes y me lo traes para conocer tu milagro, fue la última consulta con mi ginecóloga.
La siguiente cita fue en diciembre de 2009 en la universidad, y nuevamente los doctores sorprendidos porque no entendían como mi embarazo había llegado a ese tiempo ya tenía yo 27 semanas, a veces me sentía como un fenómeno, porque luego llamaban a otros doctores y les decían mira esta mujer como esta y su embarazo sigue bien, esto es increíble. Yo solo les decía es que Dios me quiere mucho y me va a consentir con un bello regalo.
Mi estomago estaba increíblemente grande para el tiempo que tenia, a veces la gente se me quedaba viendo porque caminaba como un pingüino, pero yo me sentía feliz, realizada, soñada y no dejaba de hablarle a mi bebe todos los días y le decía todo está bien, vamos a estar juntos y te voy a dar todo el amor que tengo en mi corazón, lo tenía guardado para ti durante tantos años que te estuve esperando.
Tuve mi última cita el 6 de enero de 2010, cuando me estaban haciendo el ultrasonido me dijeron que un fibroma estaba más grande que mi bebe y que mi bebe era una beba y ya de ahí se desencadeno todo el proceso de parto que les narre al principio de esta historia.
Lo único que les puedo decir es que nunca abandonen sus sueños por difíciles e imposibles que parezcan y siempre pongan todo en manos de Dios, El tiene sus tiempos y sus momentos y estoy convencida que cuando se quiere algo con toda el alma y se lucha por ello Dios nos lo regala.
Quise compartir esta historia para tantas mujeres que están en lucha de un milagro, no se dejen vencer y sigan luchando, quizá el día de mañana ustedes protagonicen una historia como esta.
Que Dios los bendiga.
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